Este nuevo año nos trae un montón de desafíos para lograr una mejor salud y calidad de vida, ya que estos últimos años nos han dejado un montón de aprendizajes. Pero no solo basta con “aprender”, pues lo importante es que podamos integrar lo aprendido a nuestra vida y lograr esos cambios que necesitamos.
Desde KalkuMapu queremos proponerles trabajar juntos sobre 3 desafíos que pueden hacer la diferencia en este 2026, teniendo en cuenta ciertos debates que se vienen dando en estos últimos años.
El primer desafío que les proponemos es lograr cambiar nuestro vínculo con los teléfonos celulares. Esta es una problemática actual porque cada vez pasamos más cantidad de horas frente al teléfono celular o “smartphone”, y esto supone un riesgo en varias dimensiones de la salud.
Tendencias que nos preocupan.
Antes de la aparición del internet, el celular y las redes sociales, muchas personas pasaban muchas horas del día mirando la televisión. Luego aparecieron los videojuegos y la computadora personal (PC). En esos momentos ya se debatía sobre los riesgos de que mucho tiempo frente a las pantallas pudiera causar deterioro cognitivo o promover el sedentarismo. La diferencia es que ahora, en muchos hogares hay tantas pantallas como miembros de la familia, y muchos de estos aparatos son portables.
Ahora, un niño puede ir a la casa de la abuela sin desconectarse de su tablet o reclamar el celular de sus padres para mirar YouTube en un cumpleaños familiar. Las pantallas van con nosotros a todos lados.
Como consecuencia está aumentando la cantidad de horas que pasamos frente a la pantalla, especialmente en niñas, niños y adolescentes. Incluso llegamos al extremo de habilitar que los bebés puedan consumir contenidos en redes sociales. Esto ha abierto muchos debates sobre las consecuencias que pueden traer las pantallas al desarrollo cognitivo, psíquico y emocional de las infancias. Pero este no es un tema que solo les afecte a ellos.
El promedio de consumo de pantallas en Latinoamérica es de 5 a 9 horas, lo que se asemeja a una jornada laboral completa o al tiempo que dedicamos al sueño. Cabe preguntarse ¿De dónde sacamos tanto tiempo? Probablemente estemos descuidando otras dimensiones de nuestra vida para poder entonces pasar tanto tiempo frente a las pantallas, ¿no?
Otra tendencia preocupante es el deterioro de la calidad de contenido que más circula en las redes, en su forma y en su contenido. Además, el nivel de violencia que se maneja en las redes crece de forma planificada por los algoritmos, haciendo que las redes sociales sean espacios cada vez menos amigables para una persona sana.
Comentemos algunas de las consecuencias del uso excesivo de pantallas, para poder entender por qué estaría bueno lograr un vínculo más sano con nuestro celular.
3 impactos del consumo excesivo de pantallas en nuestra salud.
1. En primer lugar, consumir contenidos sin horario puede afectar nuestra capacidad de concentración. Y este es un problema cada vez más evidente no solo en las nuevas generaciones: cada vez leemos menos. Esto es porque la lectura exige presencia, foco y concentración. También exige presencia la conversación con las demás personas, por lo que también se debilita nuestra capacidad de escucha real, en la que prestamos atención plena a la otra persona, lo que me dice, cómo se siente y a cómo yo reacciono frente a eso. El celular nos desconecta de los demás y nos desconecta también de nosotros mismos y de lo que estamos haciendo y sintiendo (aquí y ahora).
En las infancias, el consumo constante de contenidos provoca problemas en el desarrollo de ciertas áreas del cerebro asociadas a la atención plena y a la concentración. Y en el caso de los adultos pueden deteriorarse también estas funciones de nuestra mente, pues las áreas del cerebro que dejamos de usar van perdiendo perdiendo fuerza. Es necesario entrenar la concentración para conservar esa capacidad para (por ejemplo) poder leer un libro o un artículo hasta el final.
Cuando miramos una serie en la smart-tv o en la compu, está claro que cuando nos sentamos frente a la pantalla comienza la función, y termina cuando la apagamos. En el caso del celular, los límites nunca son claros: Si uno está hablando con alguien que tiene el celular en la mano, no queda claro si la persona está charlando o consumiendo contenidos en las redes. ¿Somos capaces de cocinar sin consultar el celular a cada rato? ¿De estudiar? ¿De terminar de ordenar la casa o pintar una habitación? ¿Somos capaces de realizar estas tareas con la concentración que se requiere, sin parar a cada rato a “distraernos” en el aparato?.
El problema es que se nos puede quemar la comida, quizás nos pasemos de sal, puede que la charla con el otro sea desatenta y no entendamos lo que nos quiere decir un hijo, que no podamos concentrarnos frente a una lectura o que dejemos todas las tareas sin terminar.
2. En segundo lugar, es importante tener en cuenta que las redes sociales nos bombardean con tantos estímulos que es imposible procesarlos a todos de forma adecuada. Las redes nos muestran a personas que viven vidas alucinantes, situaciones de violencia indignantes y publicidades de todo tipo: Todo en cuestión de minutos. Todos esos posteos y videos pueden generarnos sentimientos como envidia, indignación, tristeza, y a veces no dimensionamos lo difícil que es para nuestro corazón sentir tantas emociones contradictorias. Emocionalmente es algo agotador.
El celular puede mantenernos emocionalmente desregulados, y eso puede manifestarse como desmotivación, cansancio, ansiedad e irritabilidad y físicamente puede dar lugar a la manifestación de diversos síntomas. Pues muchas enfermedades físicas de diferente naturaleza, derivan del estrés y la fatiga crónicos y el mal uso del teléfono puede tener mucho que ver con esto.
3. Tercero, cuando estamos frente a la pantallita perdemos la conciencia de nuestro cuerpo y de nuestra postura. Basta con observar cómo los niños sostienen el celular para darnos cuenta de cómo el teléfono afecta el desarrollo de su postura. En el caso de los adultos sucede exactamente lo mismo. Si sufrís frecuentemente de contracturas, dolores de cabeza, dolor lumbar o de caderas, puede estar relacionado a las malas posturas que adoptamos mientras “estamos distraídas” mirando contenidos en las redes o mirando una serie a modo de maratón. Perdemos la conexión con nuestro cuerpo y adoptamos posturas que nos perjudican.
¿Cómo podemos mejorar nuestro vínculo con el celular?
Para ayudarnos a mejorar nuestro vínculo con el teléfono, ideamos un podcast especialmente para compartir con ustedes un desafío de 14 días. Si quieres escucharlo, puedes darle Click Acá.
Los consejos que compartimos en el podcast son los 5 consejos que enumeramos a continuación. Aunque, te recomendamos también escuchar el podcast y sumarte a este desafío.
1. Antes que nada, lo que debemos hacer es chequear la cantidad de horas que pasamos en el celular.
En la configuración de nuestro aparato podremos encontrar estadísticas exactas que nos muestran cuántas horas estuvimos utilizando el celular cada día de la semana, el promedio de horas que pasamos frente a la pantalla y hasta en qué aplicaciones.
2. Ponernos un horario para el uso del aparato. Esto no solo vale para las infancias, pues si queremos que niñas, niños y adolescentes habiten el internet y las redes sociales de forma sana, tenemos que comenzar por darles el ejemplo. Limitar el uso del celular a ciertos horarios del día, puede ayudarnos a recuperar el control sobre nuestro tiempo. A recuperar ese tiempo “que nos falta” para hacer esas cosas que nos gustaría hacer y qué necesitamos. Y sí, para mejorar el vínculo con nuestro teléfono necesitamos ponerle límites.
Además, aunque no pasemos tantas horas al dia en el celular, a veces lo que nos distrae es la cantidad de veces que “lo consultamos”, y esta estadística también puede revisarse en el móvil, pues en la configuración podemos encontrar un contador que nos señala la cantidad de veces que hemos desbloqueado el aparato.
3. Otra sugerencia que nos gustaría hacerles es la de cancelar el celular al menos media hora antes de irse a dormir y si es posible, una o dos horas antes. Y al levantarnos, esperar al menos media hora antes de revisarlo por primera vez. Esto es muy importante, ya que todas esas imágenes que entran a nuestra cabeza antes del momento sagrado del sueño pueden interferir con la calidad de nuestro descanso. Y al levantarnos pasa algo similar, pues los primeros estímulos que recibimos quedarán fijados en nuestra mente para el resto del día, condicionando nuestro día.
No se trata tan solo de la “cantidad de horas”, sino también “en qué momentos del día lo utilizamos, y cuáles momentos son tan sagrados que el celular no debería tener espacio allí.
4. Tenemos que considerar además la cantidad de horas que pasamos mirando la tele, series, películas, youtube, etc. En la mayoría de redes sociales es cada vez más difícil “entrenar el algoritmo”, pero en el caso de los contenidos de larga duración: documentales, series, películas o videos informativos, tenemos que tomarnos el tiempo de elegir qué queremos consumir. Si algo bueno tiene el internet, es que nos ofrece un repertorio de contenidos audiovisuales muy amplio, pero si no aprendemos a elegir contenido de buena calidad, terminamos por consumir siempre las mismas cosas.
Hoy podemos sentarnos a elegir qué películas y qué animaciones miran nuestras infancias y nosotros, y podemos ir variando la programación así como lo hacemos con la alimentación.
4. Ritualicemos nuestro momento de pantallas. Las pantallas no son la única fuente de placer ni la única forma para recrearnos. Consultar las pantallas constantemente nos quita la motivación para realizar otras actividades que antes considerábamos divertidas: en cierta medida, nos agota y desgasta nuestra capacidad de disfrutar las cosas simples. Nos quita las ganas de hacer actividades que exigen activar el cuerpo y el cerebro para realizarlas.
Ritualicemos todas esas actividades que nos gustan, y destinemos tiempo para cada una de ellas. No permitamos que el télefono interfiera en lo sagrado de rituales como la lectura, el ejercicio, la música, el arte, la conversación, el juego o cualquier cosa que nos guste hacer. Destinemos tiempo para eso, y asignemos un momento del día también para responder los mensajes de whatsapp con toda la paciencia del mundo, a revisar las redes de forma consciente y así entrenar el algoritmo de forma adecuada, revisar contenidos de youtube, etc.
¡Esperamos que estos consejos les sean útiles y que puedan llevarlos a la práctica! Para motivarse, les recomendamos que oigan el podcast que grabamos, donde les proponemos un desafío de 14 días para controlar el uso de las pantallas. ¡Que tengan una buena semana y un excelente año!

